Señor, cuanto más me apoyo en mi historia personal de vida, en mi fantasía y elucubraciones mentales, más seguro creo estar de mí mismo. Esto tiene su origen en mi corazón Señor, mi corazón está inquieto porque Te busca o porque se esconde de Ti; Sólo Tú Señor conoces mejor que nadie mi angustia, mi terrible aflicción espiritual, porque sólo Tú sabes lo que hay dentro de mí, puesto que Tú mismo Señor me hiciste así. Ya no temo a la verdad de mí mismo. He tenido conciencia de esa verdad con especial viveza en los últimos días, y al igual que Pedro no me queda otra opción que decirte: ¡Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador! Llevaba tiempo advirtiendo el ser miserable que soy, pero ahora y con ayuda de aquellos que enviaste y pusiste en Mi Camino admito mi condición pecadora y la vida pecaminosa que siempre he llevado desde que empecé a obrar por mí mismo y de manera consciente en mi vida.
No obstante, Señor, bien sabes Tú que pese a todo el mal que haya hecho para conmigo mismo y para con los demás, todo era parte de ese Plan de vida que trazaste para mí. Para mi conversión definitiva en un hombre nuevo nacido en Ti y para Ti y que está ya por venir. Sé que he defraudado a muchos, pero principalmente me he defraudado a mí mismo por no tener de verdad fe en ti, en tu grandeza como el Señor de Señores y el Rey de Reyes que impera en todo el Universo. Pero insisto Señor ahora por fin comprendo que a ti nunca jamás te he defraudado, porque Tu Misericordia es tan inconmensurable que ningún pecado puede impedir que Tú me redimas y me liberes de la esclavitud en la que se encuentra mi persona desde hace ya mucho tiempo. Quizá tenía miedo de admitir la gran verdad de Ti: el hecho de que fuiste a La Cruz por amor a La Humanidad, y también ¡como no! a mí mismo pese a todo lo que soy y pudiera haber hecho. Y lo hiciste de manera desinteresada para liberarme a mí mismo de mi propia cruz. Lo único que tengo que hacer es aceptarTe tal cual Te mostraste al mundo allá arriba en lo alto del Gólgota, crucificado en el madero y hecho un guiñapo por los pecados y los errores de los hombres de este mundo. Tu mensaje Señor siempre fue el mismo desde que iniciaras Tu ministerio de llamada a La Vida: el Amor Universal entre los seres humanos. El triunfo de la paz y la concordia entre hermanos. Pero contra todo pronóstico racional, te llevaron a la muerte por tu mensaje de amor. Y yo estaba allí Señor junto a esos malhechores que te condenaron a un castigo inhumano golpeándote, azotándote, humillándote, maldiciéndote, etc.., por el simple hecho de que eras, eres y siempre serás el ser más justo y bueno que jamás haya existido en todo el Cosmos.
A veces pienso que mi único pecado es haber nacido sin serTe agradecido de la vida que me has regalado sin más, sólo y exclusivamente por tu bondad infinita ¿Y esto por qué? Porque mi soberbia y mi egoísmo cegaron mis ojos durante un tiempo Señor. No quería admitir la verdad de mí mismo. Escondía mi naturaleza pecadora ante los demás. Escondía mis instintos más primitivos para no ser avasallado por una sociedad en la que impera una ley moral aparente. Pero, rememorando a San Pablo reconozco abiertamente ante Ti mi Señor que, aún queriendo hacer el bien, el mal es el que se me presenta. Pues yo también advierto una ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros. Sin embargo, la única ley que impera y gobierna todo es la Tuya Señor, la ley de La Luz que Tú mismo iluminas desde La Cruz: la ley del amor, la compasión, la misericordia y el perdón, en pocas palabras, la ley de gracia que estableciste cuando viniste a este mundo a través de Tu Evangelio de vida eterna. Así que, estoy empezando a creer firmemente que si acudo a ti, con fe madura (no infantil como he venido haciendo hasta ahora en mi vida) y afianzada en Tu Palabra de vida que aparece en los Evangelios, obtendré la liberación de mi sufrimiento, que es ya agónico y muy difícil de sobrellevar para un pobre hombre como yo Señor mío. Por eso he decido desde lo más hondo de mi espíritu, desde mi más humilde contingencia de mi pecado, gritarTe para que escuches mi voz pidiéndoTe ayuda. Ya que solo de Ti procede el perdón que aliviará y calmará mi desasosiego. Y gracias a esto también he logrado comprender porque mi alma te busca como la cierva busca corrientes de agua. Tiene sed de ti Señor, del Dios vivo, es decir, el Amor y el Perdón: La Misericordia Eterna.
Ayúdame, pues, a sentirme perdonado por Ti. Dame fuerzas para aceptar Tu perdón, porque incluso tengo tanta soberbia que me impide admitir que eres tan bueno que todo lo puedes Señor. La cuestión no es si me perdonas o no, sino si yo soy capaz de aceptar Tú perdón y convertirme en un hombre nacido de nuevo.
No hace mucho tiempo Señor le pregunté a un hombre ordenado y consagrado a tu ministerio pastoral que si algún día Tú me enjugarías las lágrimas de mi dolor y angustia con tus propios cabellos Señor. La respuesta la he encontrado precisamente hoy en aquél gran profeta que enviste a tu pueblo Israel en el pasado:
"El Señor Dios secará las lágrimas de todos los rostros”
(Isaías 25, 8)
Bendito, pues, seas Tú Señor, Dios Todopoderoso del Universo, por haberme dado la vida y por haberme hecho consciente de Tu existencia a través de una vida miserable y pecaminosa como la mía. Tú único fin era hacerme volver por la puerta en la que finalmente entrarán todas tus ovejas en el Día que Tú nos tienes preparado.
Amén.
El Ciudadano de Odessa, un pobre hombre loco de esos que aún creen en Dios.
Marana’tha’
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada