En las Sagradas Escrituras se describen templos literales, templos vistos en visión y templos simbólicos, siendo los principales:
- el de Salomón
- el de Zorobabel
- el de Herodes el Grande
- el templo que el profeta Ezequiel vio en visión
- el templo Espiritual
Veamos un poco de historia bíblica para comprender los planes de Jehová, el Señor Dios Todopoderoso, para el futuro.
- El Templo de Salomón
El rey David deseaba de todo corazón edificar una casa para Jehová donde colocar el arca del pacto, que para entonces estaba morando “en medio de telas de tienda”. A Jehová le agradó la proposición de David y le dio Su Complacencia, pero le dijo que debido a que él había derramado mucha sangre en guerras, el privilegio de hacer ese edificio lo tendría su hijo (Salomón). Esto no quería decir que Dios no aprobaba las guerras que David había peleado a favor de Su nombre y de Su pueblo, pero el templo tenía que ser edificado pacíficamente y por un hombre de paz que prefiguraría a Jesucristo, el Gran Edificador del Templo y Príncipe de Paz. (2 Sam. 7:1-16; 1 Rey. 5:3-5; 8:17; 1 Cró. 17:1-14; 22:6-10).
a) Trabajadores
Siguiendo el plano arquitectónico que David había recibido por inspiración, el rey Salomón empezó a edificar el templo en el año cuarto de su reinado (1034 a.E.C.), en el segundo mes, Ziv. (1 Rey. 6:1; 1 Cró. 28:11-19). A cambio de trigo, cebada, aceite y vieno, Hiram, el rey de Tiro, le proporcionó maderas del Líbano y trabajadores diestros en la madera y la piedra, además de un experto especial, llamado también Hiram, cuyo padre era tirio y su madre una israelita de la tribu de Neftalí. Este hombre era un excelente artesano que trabajaba el oro, la plata, el cobre, el hierro, la madera, la piedra y diferentes telas. (1 Rey. 5:8-11, 18; 7:13, 14, 40, 45; 2 Cró. 2:13-16).
Al organizar el trabajo, Salomón reclutó 30.000 hombres de Israel y los envío al Líbano en turnos de 10.000 al mes, permitiéndoles una estancia de dos meses en sus respectivos hogares entre cada turno. (1 Rey. 5:13-14). Para llevar las cargas reclutó a 70.000 hombres de entre los “residentes forasteros” del país, y como cortadores, a 80.000. (1 Rey. 5:15; 9:20, 21; 2 Cró. 2:2). Como capataces sobre el trabajo Salomón nombró a 550 hombres, y 3.300 como ayudantes. (1 Rey. 5:16; 9:22, 23). De estos, probablemente 250 eran israelitas y 3.600 eran “residentes forasteros” en Israel. (2 Cró. 2:17, 18).
b) Plano y materiales
El templo era una estructura espléndida, y para construirlo se siguió el plano general del tabernáculo. El Santo y el Santísimo eran de las mismas proporciones, pero sus dimensiones interiores eran dos veces mayores que las de sus correspondientes del tabernáculo. El Santo era de 40 codos (17,8 m.) de largo por 20 codos (8,9 m.) de ancho y lo mismo de alto. El Santísimo tenía forma cúbica y sus lados medían 20 codos. (1 Rey. 6:20; 2 Cró. 3:8). Además, había cámaras del techo cuya altura era de unos 10 codos (4,4 m.) ya que el edificio tenía 30 codos de alto (casi 13,3 m.). (1 Rey. 6:2; 1 Cró. 28:11). En sus inmediaciones también había otras construcciones, con almacenes, comedores, etc... (1 Rey. 6:4-6, 10).
Los materiales utilizados fueron básicamente piedra y madera. Los suelos de estos cuartos estaban revestidos de madera de enebro, las paredes interiores eran de cedro “con entalladuras grabadas de querubines y figuras de palmeras y grabados flores” y las paredes y el techo estaban completamente revestidos de oro. (1 Rey. 6:15, 18, 21, 22, 29). Las puertas del Santo (en la entrada del templo) estaban hechas de enebro, talladas y revestidas de hoja de oro. (1 Rey. 6:34, 35). Unas puertas de madera de árbol oleífero, talladas de igual manera y revestidas de oro, comunicaban el Santo con el Santísimo. Prescindiendo del cuál fuese la posición exacta de estas puertas, seguía habiendo una cortina entre ambos compartimientos al igual que en el tabernáculo. (2 Cró. 3:14.). En el Santísimo había dos gigantescos querubines de madera de árbol oleífero, revestidos de oro, y debajo de sus alas se colocó el Arca. (1 Rey. 6:23-28, 31-33; 8:6).
Todos los utensilios del Lugar Santo eran de oro: el altar del incienso, la mesa del pan de la proposición, los diez candelabros y todos sus accesorios. Junto a la entrada del Lugar Santo (el primer compartimiento) se elevaban dos columnas de cobre, llamadas “Jakín” y “Boaz”. El patio estaba hecho de piedra de excelente calidad y de madera de cedro (1 Rey. 6:36.), mientras que los enseres del patio, es decir: el altar de los sacrificios, el gran “mar fundido”, las diez carretillas para las palanganas de agua así como los otros utensilios, era de cobre. (1 Rey. 7:23-47.).
Una característica sobresaliente de la construcción de este templo fue que toda la piedra se cortó en la cantera con la suficiente precisión como para no tener que ser retocada luego: “En cuanto a martillos y hachas o cualesquiera instrumentos de hierro, no se oyeron en la casa mientras estaba siendo edificada”. (1 Rey. 6:7.). La obra se completó en siete años y medio (desde la primavera de 1034 a. E.C. Hasta el otoño [Bul, el octavo mes] de 1027 a. E.C.). c) Inauguración
El séptimo mes, Etanim, del duodécimo año de su reinado (1026 a. E.C), Salomón congregó a los hombres de Israel en Jerusalén para la inaguaración del templo y la fiesta de las cabañas. Se trajo el tabernáculo con su mobiliario santo e introdujeron el arca del pacto en el Santísimo. Entonces la nube de Jehová llenó el templo. A continuación Salomón bendijo a Jehová y a la congregación de Israel y, de pie sobre una plataforma especial delante del altar de cobre de los sacrificios, ofreció una larga oración de alabanza a Jehová pidiendo su bondad amorosa y misericordia a favor de aquellos, tanto israelitas como extranjeros, que se volvieran a Él para temerle y servile. Se ofreció un grandioso sacrificio de 22.000 reses vacunas y 120.000 ovejas. La inauguración duró siete días, y la fiesta de las cabañas otros siete días más, después de lo cual, el día 23 del mes, Salomón envió al pueblo a casa gozoso y agradecido por la bondad y generosidad de Jehová. (1 Rey., cap. 8; 2 Cró. 5:1-7:10.). Este templo existió hasta el año 607 a. E.C., cuando fue destruido por el ejército babilonio bajo el rey Nabucodonosor. (2 Rey. 25:9; 2 Cró. 36:19; Jer. 52:13.).
- El Templo edificado por Zorobabel
Sin embargo, según predijo el profeta de Jehová, Isaías, Dios escogió al rey Ciro de Persia para libertar a Israel de la opresión de Babilonia. (Isa. 45:1). Jehová también animó a su pueblo a regresar a Jerusalén y reedificar el templo bajo el acaudillamiento de Zorobabel de la tribu de Judá. El pueblo llegó en 537 a. E.C., después de los setenta años de desolación predichos por Jeremías. (Esd. 1:1-6; 2:1, 2; Jer. 29:10.). Aunque fue mucho menos glorioso que el templo de Salomón, tuvo una existencia más dilatada -casi quinientos años-, desde 515 a. E.C. hasta finales del primer siglo antes de la era común. (El templo de Salomón estuvo en pie unos cuatrocientos veinte años, desde 1027 hasta 607 a. E.C.).
En el séptimo mes (Etanim o Tisri) del año 537 a. E.C. edificaron el altar y al año siguiente colocaron el fundamento del nuevo templo. Los reedificadores contrataron a sidonios y tirios para traer madera de cedro del Líbano como había hecho Salomón. (Esd. 3:7.). La edificación prosiguió durante unos quince años hasta que fue proscrita oficialmente por Persia como resultado de las acusaciones que los opositores de Judá, entre los que se destacaron los samaritanos, dirigieron al rey de Persia. (Esd., cap. 4.)
Los edificadores del templo se debilitaron, pero Jehová envió a sus profetas Ageo y Zacarías para reavivar sus esfuerzos, y en el segundo año de Darío I (520-519 a. E.C.) se promulgó un decreto para que se respetase la orden original de Ciro y en el que se mandaba que proveyera dinero de la tesorería real para sufragar las necesidades de los edificadores y los sacerdotes. (Esd. 5:1, 2; 6:1-12).
La obra de edificación progresó rápidamente y la casa de Jehová se terminó al tercer día de Adar del sexto año Darío (probablemente alrededor del 5-6 de marzo del año 515 a. E.C.). Entonces los judíos inauguraron el templo reedificado y celebraron la Pascua. (Esd. 6:13-22).
Se sabe poco en cuanto a los detalles del plano arquitectónico de este segundo templo. La descripción del templo que el decreto de Ciro autorizó a edificar fue: “La altura de ella será de sesenta codos [26,7 m], su anchura de sesenta codos, con tres órdenes de piedras rodadas a su lugar y un orden de maderas”, pero no se declara la longitud. (Esd. 6:3, 4). Tenía comedores, almacenes, y probablemente también disponía de cámaras del techo y otras construcciones, al igual que el templo de Salomón.
Este segundo templo no tenía el arca del pacto, ya que ésta aparentemente había desaparecido antes de que Nabucodonosor saqueara el templo de Salomón en 607 a. E.C. Según el relato del libro apócrifo de 1 Macabeos (1:21-24, 57; 4:38, 44-51) solo había un candelabro en lugar de los diez que había en el templo de Salomón; también se menciona el altar de oro, la mesa del pan de la proposición, las vasijas y el altar de la ofrenda quemada, aunque este último era de piedra y no de cobre. Este altar, después de haber sido profanado por el rey Antíoco Epífanes (en 168 a. E.C.), fue reedificado con nuevas piedras bajo la dirección de Judas Macabeo. El registro de Nehemías revela que el templo de Zorobabel tenía almacenes y comedores. (Neh. 13:4, 5, 9.)
- El Templo edificado por Herodes
En las Escrituras no se dan muchos detalles sobre este templo, por lo que la principal fuente de información es la del historiador judío Flavio Josefo, quien lo vio personalmente e informa sobre su construcción en La Guerra de los Judíos y Antigüedades Judías. La Mishna judía también suministra algunos detalles, y la arqueología otros. La descripción que se presenta a continuación se ha tomado de estas fuentes, aunque hay que tener en cuenta que algunas veces no son muy fidedignas.
En una ocasión (La Guerra de los Judíos, Libro I, cap. XXI, sec. 1), Josefo dice que Herodes reedificó el templo en el año decimosexto de su reinado, pero en Antigüedades Judías (Libro XV, cap. XI, sec. 1), dice que fue en el año decimoctavo. Esta última fecha es la que normalmente aceptan los eruditos, aunque no se sabe con certeza cuándo comenzó el reinado de Herodes, ni cómo hizo Josefo este cálculo. El Santuario en sí se edificó en dieciocho meses, pero la construcción de los patios y demás anexos se extendió por ocho años. Cuando ciertos judíos se acercaron a Jesucristo en el año 30 E.C., diciendo: “Este templo fue edificado en cuarenta y seis años” (Juan 2:20), parece que se referían al trabajo que aún seguía efectuándose en el complejo del templo. No se terminó completamente hasta unos seis años antes de su destrucción en 70 E.C.
Debido al odio y la falta de confianza que los judíos le tenían a Herodes, no le permitieron reedificar el templo hasta que tuvo todo preparado para el nuevo edificio. Por la misma razón no consideraron este como un tercer templo sino como una reconstrucción, y solo se referían al primer y segundo templo (el de Salomón y el de Zorobabel).
- El Templo de Ezequiel (el Tercer Templo de Jerusalén)
En el año 593 a. E.C. año decimocuarto después de la destrucción del templo de Jerusalén y del templo de Salomón, el profeta y sacerdote Ezequiel, transportado en una visión a la cima elevada de una montaña, contempló un gran templo de Jehová. (Eze. 40:1-2).
Para humillar a los judíos exiliados y hacer que se arrepintieran, y sin duda también con el fin de consolar a los fieles, se le mandó a Ezequiel que relatase a la “casa de Israel” todo lo que vio (40:4; 43:10, 11). La visión fue muy detallada con la medidas o dimensiones del mismo. Las unidades de medida fueron la “caña” y el “codo”. Debido a la precisión de las medidas hay quien cree que el templo de la visión tuvo que servir de modelo para el templo que construyó Zorobabel después del exilio. Sin embargo, esto no puede probarse. Es más, la superficie del templo de la visión y sus atrios era de unos 500 codos largos (259 m.) en cuadro, mientras que la zona del monte Moria, donde fue edificado el templo verdadero, era mucho más pequeña.
En la visión Ezequiel vio la gloria de Jehová que venía desde el este, y que llenaba el templo. Jehová mismo describió este templo como “el lugar de mi trono”. (Eze. 43:1-7).
En resumen, es éste y no otro, el templo desde el cual Jesucristo reinará junto con sus coherederos mártires a las naciones durante el milenio (su reinado de mil años de gran paz y prosperidad terrenal) cuando venga en su Segunda Venida al mundo con gran poder y gloria para salvar a los creyentes cristianos perseguidos durante la “gran tribulación” y a la nación de “Israel” de sus enemigos.
Así que, en un futuro inminente se construirá el tercer templo en la capital de Israel, la ciudad santa de Jerusalén, en el cual el hombre de pecado e hijo de la perdición, es decir, el falso mesías, se sentará sobre el trono de Dios haciéndose pasar por Dios y blasfemando en Su nombre. Porque como indicó San Pablo en su carta a los Tesalonicenses no vendrá Jesucristo sin que antes se manifieste este inicuo que engañará a muchos con poderes sobrenaturales y que hará la guerra contra los santos de Nuestro Señor Jesucristo.
Fuente bibliográfica: “Ayuda para entender la Biblia”
Fdo.: El Ciudadano de Odessa.

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