LAS BODAS DEL CORDERO
El Ciudadano de Odessa
(Verano de 2010)
Discurso de apertura del gran banquete nupcial de las bodas del Cordero con El Ciudadano de Odessa y sus amigos de aventuras:
Queridos amigos/as:
Me he permitido el lujo de tomar prestado un discurso del gran Psiquiatra español del siglo XX Juan José López Ibor dado en Septiembre de 1966 en Madrid en el IV Congreso Mundial de Psiquiatría mezclado con muchas palabras mías, es decir, de mi cosecha particular, para expresaros mis ideas sobre lo que ha acontecido en la vida de vuestro amigo durante estos años de incertidumbre y de angustia, pero también de esperanza, fe y alegría para la forja de su persona. Espero que sea de vuestro agrado:
“La independencia tan estricta entre hombre y medio cultural es la que convierte a la definición de enfermedad mental en la gran aporía de la psiquiatría (también la medicina somática tiene sus dificultades). Puede incluso ocurrir que la aporía sea difícilmente vencible o invencible. No importa. Esa invencibilidad demuestra que la psiquiatría es tan humana que no puede subsumirse totalmente en una ordenación categorial científica. Esto le ocurre también a la medicina “en movimiento”, es decir, a la práctica médica. El progreso de la medicina, como ciencia, debe ir acompañado de un conocimiento, lo más dilatado posible, de las estructuras profundas del enfermar que no son sólo biológicas sino también personales y culturales. Los modos de enfermar cambian de estilo a lo largo de la historia como he dicho antes y ese cambio es más patente cuanto menos gravitación biológica tiene el cuadro clínico. En torno a la raíz de sus síntomas el enfermo colabora creando un mito: esto es patente en las neurosis y en las psicosis. El psiquiatra debe conocer este hecho, pero nunca se tiene que olvidar que el enfermo es una realidad y no un personaje mítico. La enfermedad mental es un acontecimiento humano pluridimensional, en sus manifestaciones y en su génesis. Cualquier avance que tenga lugar en su conocimiento es un avance en el conocimiento de ese continente, donde todavía queda tanta “tierra incógnita”, que es el hombre.
Señores, Señoras, amigos todos: las neurosis y las psicosis son mitos individuales. Los pueblos tienen sus mitos. Nosotros, los españoles, tenemos el nuestro en dos personajes singulares, uno antiguo como Don Quijote de la Mancha y otro contemporáneo como El Ciudadano de Odessa. El primero no ha tenido más existencia que la literaria y el segundo que no ha tenido más existencia que la imaginaria y fantástica en la mente de un joven hombre, pero que ambos realmente forman parte de la textura personal de todo español. Don Quijote fue un hidalgo manchego al igual que su homólogo El Ciudadano de Odessa lo está siendo aún a día de hoy de una tierra llamada Ucrania, y ambos coinciden en ser pobres en bienes materiales, ricos en ideales y en afán de combatir por ellos. Con el seso perdido ambos transfiguraron la realidad, como en el caso de la bella Dulcinea en Don Quijote y de la bellísima "María" en el Ciudadano, y ambas tan bellamente simbolizadas en los sellos conmemorativos de este gran banquete. Sobre estos dos personajes han llovido todo tipo de diagnósticos psiquiátricos: unos han hablado de paranoia, otros de esquizofrenia, trastornos de personalidad, etc. Pero “ellos” se han mantenido rebeldes a cualquier etiqueta nosológica. Algo hay en ellos que quisiera subrayar. Eran locos, pero al mismo tiempo cuerdos. No me refiero al hecho de que recobrasen su razón al ir a morir, sino a que en plena locura, resultaban prodigiosamente sensatos. Ahí se ve la genialidad de Cervantes y el tremendo esfuerzo y sacrificio durante años del joven hombre que se ha hecho llamar así mismo El Ciudadano de Odessa para comunicar de la mejor manera que podía y le era permitido su propio mito. No se trata de que Don Quijote o El Ciudadano de Odessa fuesen locos y Sancho o los amigos del Ciudadano cuerdos, que los unos fuesen leptosomáticos y los otros pícnicos, sino de que en cada uno de ellos había locura y cordura, aunque en dosis de modos desiguales. Esto es lo que al psiquiatra interesa, lo que el psiquiatra ve: la convivencia, el diálogo entre cordura y locura, entre razón y los fantasmas de la sinrazón. No existe el loco absoluto. No existe el cuerdo absoluto. Así es el hombre que hace de la vida una aventura abierta entre el mundo de la realidad y el de la posibilidad. Por eso avanza, por eso el hombre es capaz de hacer historia.
Porque en el “loco”, ya sea Don Quijote o El Ciudadano de Odessa, el raciocinio desaparece o está muy atenuado. Esto hace que en él se presenten puros los aspectos irracionales del hombre. Por eso es el “loco” el individuo más indicado para taladrar en el misterio de la existencia. Dicho con otras palabras: la auténtica realidad es irracional y cuanto más irracional sea el sujeto, mejor la podrá conocer y dar a conocer a los demás.
De este modo, desaparece en el “loco” la oposición corazón/cerebro, fe/razón, sentimiento/entendimiento. La tragedia del hombre, la angustia, la agonía de la existencia se deben a que en él coexisten dos tipos de facultades que le presentan distintos mundos: una intelectual, que le mantiene en el mundo de la apariencia y otra fideística volitivo-sentimental, que le impele al “mundo verdadero”.
Por ello, y, en definitiva, en el “loco”, en el hombre auténticamente “loco”, no existe duda, ni volición, ni remordimiento. Libre de las trabas y ataduras de la razón y guiado por los fantasmas de la sinrazón, se siente empujado por una fe, por una llamada interior, por una voz que le llega de lo nouménico, o de la divinidad, -que es lo mismo- y le mueve a gloriosas hazañas. Sin embargo, los demás no oyen esa voz y por eso, se ríen de él. El héroe es entonces objeto de burlas, escarnios y todo tipo de humillaciones. El héroe es un solitario, un incomprendido. Tan sólo eso: un pobre “loco”. Pero como la voz que le viene de sus entrañas también existe en los demás, aunque apagada por el estruendo de la lógica, llega un momento en el que las multitudes sienten en su inconsciente colectivo un eco que resuena a la palabra del héroe y la locura irónicamente se contagia, se extiende a todo el pueblo, que sigue su llamada, con lo cual la locura deja de serlo, porque el “loco” es un anormal, un solitario.
Y si la locura se convierte en algo normal, en algo colectivo, ya no es tal locura. Y Don Quijote y El Ciudadano de Odessa son héroes solitarios, pero son también la personificación de su pueblo y de sus amigos, que finalmente han escuchado su voz para siempre.
Estáis en la tierra de Don Quijote, o, lo que es lo mismo, en la casa del Ciudadano de Odessa. Ese lugar de la Mancha o de Ucrania donde vivían estos dos locos caballeros andantes no se encuentran muy lejos de aquí. A través de mis palabras, ellos os dan la bienvenida. Que vuestros pensamientos y sentimientos, que vuestros diálogos y encuentros, ayuden al mundo a lograr que esa convivencia entre la locura y la cordura sea cada vez más un diálogo de paz en lugar de una monstruosa explosión de angustia y de incomprensión. Si comprendemos mejor a los enfermos, también los sanos debemos comprendernos mejor. Puede que el Ciudadano de Odessa sea un auténtico inútil en el arte de cocinar, o a la hora de visionar estructuras en el espacio, acometer una obra de ingeniería o a la hora de llevar una contabilidad o de crear un diseño gráfico, pero no cabe la menor duda de que es todo un artista en el arte de amar y muchos dan fe de ello…
Así pues bienvenidos todos a la tierra de Don Quijote. Bienvenidos todos pues a la casa del Ciudadano de Odessa. Acomódesen, cojan sus asientos y disfruten de esta dulce velada. Porque he aquí que, vuestro amigo, El Ciudadano de Odessa, está a la puerta y os llama; y si alguno oye su voz en lo más profundo de sus entrañas, de su corazón, y le abre su puerta, El Ciudadano de Odessa entrará a él, y cenará con él, y él con El Ciudadano de Odessa. Gracias a todos.”
Fdo.: El Ciudadano de Odessa.
1 comentarios:
estas locooooooooooo
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