Nota aclaratoria:

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La Integridad Humana y el siglo XXI

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ENSAYO SOBRE LA RECUPERACIÓN DE LA INTEGRIDAD HUMANA A RAÍZ DE LOS ACONTECIMIENTOS VIVIDOS EN NUESTRO MUNDO DESDE EL 11 S DEL 2001 HASTA NUESTROS DÍAS
He escrito esto dedicado a todas y cada una de las personas que se han cruzado por mi camino y me han ayudado en la medida de sus posibilidades en mi evolución y maduración personal en este mundo. Con especial atención a mi buen amigo "Ricardo Lampert" y a la mujer de su vida:
"Si hay un suceso que recuerdo como si fuera ayer mismo en mi vida y que conmocionó totalmente al mundo, fue, sin duda alguna, el atentado perpetrado por terroristas islamistas al World Trade Center. El 11 de Septiembre del año 2001 fue un día triste que ha quedado grabado no solo en la historia de la nación norteamericana, sino en todo el mundo. Aquél día amaneció totalmente soleado en la isla de Manhattan, uno de los cinco boroughs (distritos metropolitanos) que forman la ciudad de Nueva York. Nadie se imaginaba que aquel amanecer bellísimo se tiñería de negro para siempre. A las 8.46 hora local un primer avión impactó por completo en la Torre Norte del World Trade Center (WTC). Un poco después a las 9.02 un segundo avión también embistió la Torre Sur del World Trade Center (WTC). Yo me encontraba en mi casa de Andújar comiendo junto a mi padre y mi hermano Antonio cuando vi en directo a través de las noticias el segundo impacto, ya que la voz de alarma había saltado en el mundo de las comunicaciones cuando se supo que la Torre Norte estaba incendiada. Así que cuando llegó el segundo avión imagino que muchísimas cadenas del mundo entero estaban retransmitiendo en directo tan infame espectáculo televisivo. Pero lo que verdaderamente me impactó de ese día no fue la caída de la Torres Gemelas y los sucesivos atentados que EE.UU sufrió en su propio territorio, sino que lo que me dejó tremendamente preocupado fueron las impresionantes imágenes que llegaban de Oriente Medio, donde muchos ciudadanos salían exaltados y dominados por la cólera a las calles de sus respectivas ciudades para quemar la bandera norteamericana y gritar todo tipo de improperios contra EE.UU y, en definitiva, el mundo occidental. Esas personas parecían alegres y con cara de satisfacción de que hubiera ocurrido un hecho tan malévolo en el comienzo del Siglo XXI.

Yo, por aquel entonces, hace ya poco más de nueve años, era simplemente un adolescente que no entendía nada de nada de la situación hostil que se había creado en el mundo a raíz de aquellos atentados. Desde aquel preciso momento la sombra de la guerra ya planeaba en la cabeza de los grandes líderes mundiales, y sus suposiciones no tardaron mucho tiempo en hacerse realidad, porque al mes siguiente de sufrir dicho atentando, EE.UU lanzó su primera ofensiva contra Oriente Medio. La llamada Guerra de Afganistán, cuyo título enclave originalmente casi presagiaba un tiempo apocalíptico para los habitantes que habitan el planeta Tierra: "Operación Justicia Infinita", nombre que fue modificado para evitar insinuaciones religiosas o mesiánicas. Pasó luego a denominarse comúnmente como "Operación Libertad Duradera". Y tras ésta vendría la Guerra de Irak o II Guerra del Golfo en el año 2003, justificada la invasión como medida preventiva para desarmar a Irak de “supuestas” armas de destrucción masiva y derrocar al líder que por aquel entonces dirigía ese país: Saddam Hussein. Pero este hecho no hizo más que acelerar más el comienzo de una nueva época marcada por el miedo, el rencor y el odio entre los seres humanos que conviven en este precioso y ¡quien sabe! quizá único planeta que alberga vida "inteligente" en todo el Cosmos. Además, a esto se sumaban dos atentados de relevancia trágica en la historia del continente europeo: el 11 M del año 2004 en Madrid y el 7 de Julio del 2005 en Londres. Esos dos atentados hacían saltar más aún las alarmas de aquellas personas que queremos un mundo gobernado por el poder más poderoso que hay en el Universo: el Amor. Supongo que muchas de esas personas nos sentimos sin ningún tipo de esperanza por el futuro inmediato de la raza humana que pareciera abocada a la autodestrucción por esa especie de chovinismo (sea éste del tipo que sea: ideológico, religioso...) inmerso en la conciencia de las personas desde el principio de los tiempos. Pues bien, en lo que a mí se refiere particularmente, sufrí una transformación o revolución de la conciencia también durante estos largos años que han pasado desde el 11 S, puede decirse que ha sido como una especie de viaje personal que me ha invitado a reflexionar sobre los valores éticos a los que tiene que aspirar el ser humano en todo momento para no perder la esencia de su ser, lo que hace a la especie humana única y diferente de las demás especies de este planeta. Se trata, digo, del uso de la razón suprema e innata que tiene el Hombre en lo más profundo de su ser, y qué irónicamente es el instinto más primitivo y con el que empezó a mi juicio su periplo vital en este planeta desde tiempos remotos: la razón del corazón, es decir, seguir los dictados del corazón e ir a dónde éste le guíe en su andadura por la vida. Porque es ésta razón, la llamada "corazonada", ese impulso espontáneo con que alguien se mueve a ejecutar algo arriesgado y difícil, como salvar una vida aún corriendo serio peligro de perder la propia, la que verdaderamente marca todo el destino y la historia de los hombres moviéndolos a grandes hazañas. Porque el corazón del hombre solo habla en el lenguaje del Amor. Y solo y exclusivamente a través del Amor puede venir la salvación de una raza castigada y marcada desde tiempos ancestrales por sentimientos de odio, ira, rencor, etc..., en pocas palabras, todo lo que lleva el sello del mal y que para colmo está justificado algunas veces entre los mismos hombres por el instinto de supervivencia que hay que sacar ante las adversidades que les suele presentar la dureza de esta vida que todos aquellos que hemos nacido compartimos y sufrimos en algún momento u otro de nuestras propias vidas. Pero ningún contratiempo justifica de ningún modo un acto de violencia. Porque si hay algo que he aprendido de mi propio viaje personal en este mundo, es que mientras exista la violencia nunca habrá ningún Reino de los Cielos al que pueda aspirar el Hombre en este mundo, porque lo que parece ser que todavía no hemos logrado comprender es que el Reino de los Cielos que está ya por venir, depende del comportamiento que las personas de este mundo tengan y se manifiesten entre ellas por encima de todo ideal, raza, institución, creencia religiosa, etc... que les diferencie y les separe.
Y bien, en definitiva, somos los seres humanos los que evidentemente tenemos en nuestras manos nuestro propio destino, es decir, la responsabilidad grandísima de atraer hacia nosotros ese Reino de los Cielos que tanto aparece descrito implícita y explícitamente en las Sagradas Escrituras, de manera a lo unísono una y otra vez en las majestuosas historias que en ella se cuentan o en cualquier otro tipo de escrito de carácter Sagrado de las numerosas religiones a las que se ha rendido, se rinde y se seguirá rindiendo culto en este mundo.
Supongo, y creo no equivocarme, que mi propia historia personal ha sido la que más me ha influido a la hora de marcarme el sendero que tenía que seguir para llegar hasta dónde he llegado a día de hoy, aquí y ahora, para lo bueno o para lo malo. Al igual que mis semejantes, he vivido todo tipo de sentimientos contradictorios en estos años difíciles para mí como para el resto del mundo. La etapa de formación y creación de la personalidad de un individuo no suele resultar nada fácil, más bien se complica en la mayoría de los casos por todo tipo de factores internos o externos que influyen en su desarrollo como persona íntegra. No obstante, en mi caso particular, hay que sumar además de esos factores un contratiempo imprevisible que me hizo perder la noción del mundo real por un tiempo y entrar en el mundo de la imaginería mental o la fantasía. Me explico: tras una serie de hechos inexplicables, una serie de coincidencias sincrónicas y muy significativas para mi mundo interior que se dieron en mi vida en plena adolescencia, y que yo por aquel entonces por mi juventud no supe interpretar de manera lógica y razonable, sufrí durante un periodo de tiempo considerable (cerca de 7 años) un bloqueo mental que me centraba solo y exclusivamente en aquel sentimiento especial, dándole en la mayoría de los casos una interpretación irracional de los acontecimientos que me iban sucediendo. Los fantasmas de la sinrazón vinieron a mí y se apoderaron de mi mente, y por ello dejé aparcado a un lado mi proyecto de vida académico. Eso poco a poco me fue pasando factura porque mis padres no comprendían mi cambio de comportamiento y qué me podía estar ocurriendo psicológicamente y, además, sentía la impulsividad de contar lo que sentía a todo el mundo y, peor aún, lo que interpretaba personalmente de dicho sentimiento que sonaba a paranoia mental. Este hecho provocó que muchas personas miraran con absoluto recelo mi estado mental de salud. Inconscientemente empecé a cavar mi propia tumba y además no hizo falta que nadie me ayudara a tirarme dentro de ella, porque, para cuando me di cuenta del inmenso y terrible error que había cometido para conmigo mismo, ya me había metido yo solito en el interior de la misma. Es muy frustrante verse dentro del ataúd y sin casi esperanzas de salir de allí. Pero, incompresiblemente esa misma historia totalmente irracional ha sido la que a la postre me ha hecho ser el hombre de espíritu fogoso que hoy en día soy. ¿Y eso por qué? Pues, esto se debe a que aquel sentimiento especial provocó en mí una preocupación por la naturaleza espiritual del Hombre. Y empecé a devorar todo tipo de libros relacionados con el carácter sacro de la vida: la mitología comparada, la Historia de las Religiones, la Filosofía, la Teología Cristiana y las diferentes ramas que hay en ésta: la Cristología (basada principalmente en el acontecimiento de Cristo: su nacimiento, muerte y resurrección como algo único e irrepetible en la Historia de Salvación de los Hombres), la Soteriología (basada en el estudio de la Doctrina de Salvación del Hombre). Y junto a esta amplia gama de libros empecé a leer a los grandes y más influyentes pensadores, filósofos, teólogos, mitólogos e historiadores de las religiones del siglo XX y de los anteriores: Joseph Campbell, Heinrich Zimmer, Mircea Eliade, Sto. Tomás de Aquino, San Agustín, Wolhart Pannenberg, Walter Kasper, Blaise Pascal, Kant, Nietzsche, Hegel, Heidegger, Goethe, Wittgenstein, Thomas Mann, etc... Incluso abrí mi campo de investigación a aquellas personas que se dedicaron al estudio y compresión de la psique humana, y fue así como aparecieron ante mí nombres tales como Sigmund Freud y su mundialmente famosa teoría del Psicoanálisis (basada en la voluntad de placer), Carl Gustav Jung y su mundo de los complejos y los arquetipos, Adler y la teoría de la psicología individual (la voluntad de poder), Viktor Frankl y la teoría de la Logoterapia (la voluntad de sentido), Wilhelm Wundt, Abraham Maslow y su célebre pirámide de las necesidades humanas, etc... Y así podría seguir enumerando a muchos más autores y escritores de prestigio internacional que invitan a la reflexión de nuestra propia vida entendida como un viaje heroico hacia la búsqueda de uno mismo y de sus sueños: Paulo Coelho (autor de El Alquimista), Antoine de Saint-Exupéry (autor de El Principito), etc...

Pero, me centraré en el motivo principal por el cual me he propuesto escribir esta reflexión filosófica sobre el último destino a alcanzar por el Hombre en este siglo XXI: la reconquista del espíritu perdido y, por tanto, la recuperación de la integridad humana mediante una reconciliación a nivel mundial de la conciencia colectiva del Hombre. Dicho esto, no creo que estuviera mal encaminado el escritor francés André Malraux al asegurar que el siglo XXI sería el de la religión o no lo sería en absoluto. Porque teniendo en cuenta que dicho siglo ha comenzado con un enfrentamiento que proviene del fundamentalismo religioso más extremista, no es para menos deducir que aquella aseveración del escritor de origen parisino quizá diera en el mismo centro de la diana. Para mí, a su vez, también comenzó casualmente, como ya he explicado anteriormente, la batalla de mi alma conmigo mismo y con el mundo que me rodea con el inicio del nuevo siglo. Hay que remontarse al año 2000 para conocer los orígenes de mi propia historia personal. Yo era un joven matriculado en el Bachillerato Científico-Técnico y con vistas a realizar estudios superiores de Ingeniería porque pensaba que la ciencia por fin había ganado la última batalla a la religión pese haber vivido una infancia marcada por una educación cristiana. Por ello me convencí a mi mismo que los acontecimientos de nuestro entorno se podían comprender desde un punto de vista racional. Con explicaciones totalmente empíricas. Pero, de repente, todo se tambaleó a mi alrededor, en una especie de explosión nuclear tanto mi mundo interior como el exterior fue sacudido por lo espiritual. El choque de mi alma intentando comprender ciertos acontecimientos de nivel mundial que se iban sucediendo uno detrás de otro me causaba cierto desasosiego. No exagero si doy por hecho que desde los atentados del 11 S hasta la fecha presente cualquier ciudadano del mundo ha temido y teme todavía un enfrentamiento bélico a escala mundial: la tan temida III Guerra Mundial que podría poner fin a la existencia de la raza humana y del mundo entero. Y este enfrentamiento podría deberse principalmente a la causa que apuntó el académico norteamericano Samuel P. Huntington: el famoso choque de civilizaciones. Éste hombre aseguraba, y con el tiempo no le han faltado razones para confirmar su teoría, que al ya existente conflicto entre la ideología y la economía de los distintos pueblos que conforman el planeta a lo largo de la historia, se le añadiría el conflicto más peligroso de todos: el de la cultura. Y ya sabemos como empezó el siglo, con una seria advertencia de que la religión no puede ni debe dejarse desapercibida en el futuro del Hombre. Ciencia y Religión, aunque se dediquen al estudio y desarrollo del Hombre desde puntos de vista diferentes, han de ir juntas siempre de la mano en la evolución del Ser Humano. Ya que mientras que la primera se dedica a mejorar la calidad de vida física de las personas en la vida, la segunda intenta que el Hombre comprenda mejor sus sentimientos más profundos y que viven en él de la misma forma que lo hicieron en los primitivos hombres de las cavernas. ¿Acaso no intentaban expresar lo mismo nuestros antepasados primitivos del Paleolítico que pintaron las pinturas rupestres cuando se adentraban en aquellas oscuras cavernas, que los que hoy pintan cuadros dignos de la mejor galería de museo, o que de aquellos que escriben poesías en un lenguaje más propio de los dioses, o de los que componen música intentando emular la mejor sinfonía del universo: la música de las esferas, o los que diseñan unos edificios con unas estructuras imposibles en busca del alcanzar la belleza artística perfecta, etc...? Mi respuesta es que Sí, que no me cabe la menor duda: todos intentan expresar lo mismo, el misterio que no logra o no alcanza aún a comprender y que les invade su espíritu humano ayer, hoy, mañana y siempre. Ese misterio yo también intenté expresarlo mediante un mito, el mito del Ciudadano de Odessa. Pero ello me costó un sinfín de problemas a medida que lo transmitía a mis contemporáneos, que nunca lograran entender lo que únicamente yo puedo sentir y que he intentando transmitir y expresar de la mejor manera posible. Conforme crecía en mí la convicción de que ese sentimiento especial tenía que tener un por qué y un para qué en mi historia personal y en mi viaje por el mundo, más se dudó de mi madurez como persona y de mi estado mental. Sin embargo, insisto, aunque pude mal interpretar mi propio mito, y llegar a conclusiones erróneas y disparatadas, eso no quiere decir que aquellos sentimientos no fuesen verdaderos y nacidos de lo más profundo de mi alma. Y, por tanto, con algún tipo de mensaje enclave que mi psique intentaba transmitirme y que yo tenía que descifrar para estabilidad emocional. Sin embargo, cuando empezó mi aventura no contaba con ningún tipo de herramienta que me ayudase a descifrar lo que se cocía en mis neuronas a temperaturas propias de las reacciones termonucleares. Hasta que ese afán por saber y conocer el espíritu humano me llevó a la lectura que me abriría las mismísimas puertas del paraíso: la reconciliación conmigo mismo y la redención definitiva de mi persona. Y entonces con la recopilación de mi experiencia vivida en el mundo, he logrado comprender que cuando el Hombre sea capaz de reconciliar esos pares de opuestos que son la Ciencia y la Religión para él, y unirlas para siempre al igual que el hombre y la mujer se unen en una sola carne, habrá logrado el éxito más importante que tiene por delante en el horizonte: reconocer que la materia y el espíritu dependen la una del otro, y viceversa. De la misma forma que el hombre y la mujer se necesitan para lograr la unión de la díada separada. Y aportarse el uno al otro las carencias que tengan y que su opuesto le da. Y en eso reside el equilibrio del Cosmos, en sostener en un punto céntrico todo el misterio de la creación: la existencia de los pares de opuestos (el Bien y el Mal, el Espíritu y la Materia, el Hombre y la Mujer, el Día y la Noche, el Ying y el Yang, etc...)  

Con esto llego a la sugestión final de lo que debe ser la orientación específica de la tarea del Hombre del siglo XXI: reconciliarse consigo mismo y con su sociedad crucificando su ego para siempre, admitiendo que hay sitio  tanto para el progreso de la Ciencia con sus nuevos y revolucionarios descubrimientos como para el progreso en el entendimiento de su antigua y basta Religión y entendiendo que todas las creencias heredadas nacen de la misma fuente universal aunque se utilicen lenguajes metafóricos e historias diferentes a la hora de contar la misma verdad. No se trata, a mi juicio, de erigir una nueva religión, sino de restaurar la antigua, para que se apoye, en este siglo XXI, en el espíritu de la verdad, de Dios, del Amor Universal. Porque el templo de Dios no se construye en piedra, sino en el corazón de cada hombre de este mundo. Y, es este templo, en último término, la morada celeste de Dios, la nueva Jerusalén, que San Juan visionó en su exilio en la isla de Patmos y que dejó descrita en el último libro Sagrado de la Biblia: el Apocalipsis."
CONCLUSIÓN
La cura de la humanidad, de esa enfermedad en la que hoy día está amenazándola con la propia extinción, está por la vuelta al humanismo, a la recuperación de la integridad humana, de los valores humanos e intrínsecamente morales en el ser humano. Porque apoyarse solo en la tecnología no nos salvará, al revés puede ser nuestra sentencia definitiva si no hacemos el esfuerzo de comprender que Ciencia y Religión caminan hacia el mismo destino final: “enseñar al Hombre a vivir y convivir con sus semejantes durante su breve estancia por este mundo.”
Me pregunto yo ¿de qué le sirve acaso al Hombre tener toda la tecnología y ciencia disponible que tiene ante sí en este momento de su evolución histórica si quizá probablemente cometa el terrible error de utilizar ese propio avance en su contra y para su propia autodestrucción? La energía nuclear es buena si es utilizada con fines sensatos y no para la necedad y el desastre. Al igual que la manipulación genética o biológica supone un avance siempre y cuando no sea empleada por ejemplo para la creación de armas bacteriológicas. Y así con todo. La Arquitectura es buena cuando crea Arte y no se convierte en mero negocio especulativo con el que enriquecerse a toda costa, cueste lo que cueste. La Ciencia se desarrolla para el bienestar del Hombre y no para su condenación. Y para conseguir esto el Hombre contemporáneo tiene que cultivar en su interior los valores morales que las distintas religiones existentes le ofrecen. Porque la Religión no es un mal para el Hombre, sino la mal interpretación de ésta por parte del Hombre es la que hace el mal en el mundo. Es bien sabido que en la Edad Media se cometieron injusticias en nombre de la religión cristiana católica cuando la jerarquía eclesiástica con un poder terrenal descomunal mandó a la hoguera a personas que querían mejorar el mundo en la mayoría de los casos. Fue la mal interpretación de su propia religión lo que les llevó a esos actos inhumanos, y lo peor es que se hacía en nombre de Dios. Ahora, quizá, una mal interpretación de los escritos de la religión musulmana ha llevado a unos pocos creyentes de esta religión a formarse en su cabeza la idea de venganza, y justificarla como una “guerra Santa en nombre de Alá contra aquellos que oprimen con su política imperial al mundo”. Sin embargo, quien habla en nombre Dios, Alá, Yahvé, Visnhú o como quieran que lo llamen, está hablando en nombre del Amor. Y nadie que habla en nombre de este bello sentimiento sería capaz de cometer tales atrocidades y crímenes contra la humanidad. La sociedad contemporánea necesita urgentemente renacer de sus cenizas, las cenizas que dejaron la caída de las Torres Gemelas en la bautizada “Zona Cero”, en New York el 11 de Septiembre del año 2001. Es la única solución viable para este mundo: la reconstrucción del corazón humano desde dentro, mediante una revolución total de la conciencia y una expansión hacia fuera, asimilando cada individuo todas y cada unas de las viejas religiones y aprendiendo lo mejor que hay en cada una de ellas.

Espero y deseo que el Hombre pronto alcance esta cima montañosa en la que ahora mismo se encuentra escalando. Porque de lo único que estoy totalmente convencido y seguro, es que el día que la alcance ya no habrá que temer que se puedan volver a repetir hechos tales como: atentados terroristas, guerras sin sentido, explosiones de bombas atómicas, guerras santas, cruzadas, etc... Viviremos para siempre en Paz y Amor, que es lo que esa "fuerza predominante" que los creyentes del mundo suelen denominar de diferentes maneras: Dios, Alá, Yahvé, Vishnú, etc… quiere para nosotros. Porque, en última instancia, esta “fuerza” es nada más ni menos que la manifestación Universal del Amor. Y una fuerza así no pueda provocar que el Hombre cometa injusticias contra sí mismo y los que conviven junto a él.

Mi deseo es que ningún gobierno, gobernante, líder político o religioso de un momento determinado, no eche por tierra el trabajo de todo un pueblo o religión a lo largo de los siglos. Amén.

Y que mejor forma de terminar mi ensayo que poniendo un ejemplo claro de unión del Espíritu y la Ciencia que el de la pareja formada por mi amigo Ricardo Lampert y su mujer, él es un hombre con uno de los espíritus más fuertes que he conocido y ella es una mujer de la ciencia más exacta y precisa. Y, sin embargo, no pueden vivir el uno sin el otro. ¿Por qué será? Está claro, lo que Dios (el Amor Universal) ha unido que no lo separe el Hombre. Al principio era el Uno y al Uno volveremos…
Porque está escrito:
Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en él, y Dios en él.” (1ª Juan 4:16)
Este es el verdadero castillo de Brahma, donde mora todo el amor del universo. Es Atman, Espíritu puro, más allá del dolor, la vejez y la muerte; más allá del mal, el hambre y la sed. Es Atman, cuyo amor es la Verdad y cuyos pensamientos son la Verdad” (Upanishads)
"Alá es Amor (Uadud)" "A quienes hayan creído y hecho buenas acciones, el Compasivo les dará amor". (El Sagrado Corán)
C’est fini”
Fdo.: El Ciudadano de Odessa.