Nota aclaratoria:

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Más allá de la fe y la esperanza

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El Advenimiento del Mesías o Segunda Venida de Cristo

Queridos hermanos de la fe en Cristo:

¿Qué es la esperanza? ¿Qué es la fe? ¿Quien es Jesucristo? ¿Cual es el significado último de la cruz? Y la pregunta más importante de todas: ¿Es verdad que Cristo volverá algún día con poder y gloria para reinar definitivamente en este mundo tan enfermo y necesitado de amor y compasión? Pues a todas estas preguntas y otras más iré contestando en la presente carta.

Os escribo esta última carta para zanjar el asunto que más ha ocupado mi vida desde que tengo uso de razón: La Segunda Venida Gloriosa de Cristo al mundo y el final de los tiempos. El hecho de querer zanjar este tema central en mi vida es porque no tengo ya más intenciones de teneros entretenidos con las noticias que empiezan a llegar de Oriente Próximo, desde Israel, la Tierra Prometida por Dios a los hombres. Puesto que de aquí en adelante las noticias serán más y más preocupantes en lo referente al conflicto bélico a gran escala que se está gestando allí y que, como bien saben los creyentes y estudiosos de La Biblia, está profetizado por La Palabra de Dios para que ocurra al final de los tiempos, es decir, precisamente en este momento histórico que vivimos esta generación de seres humanos.

Los que leáis esta carta, conocéis más o menos mi historia de vida y sabéis que, aunque he cometido muchos pecados a lo largo de mi vida, por encima de todo he sido fiel a un sentimiento que nació desde los más profundo de mi corazón en mi  infancia: La Segunda Venida de Cristo descrita al detalle y de manera simbólica en el último libro sagrado de La Biblia, el Apocalipsis de San Juan.

Pues bien, procedo sin más dilación a ir contestado a las preguntas planteadas al principio.

1.     ¿Qué es la esperanza?

La esperanza es ese estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible aquello que deseamos en lo más profundo de nuestro alma (en mi caso presenciar La Segunda Venida de Cristo). Quien tiene esperanza, confía en conseguir lo que desea, es decir, transmitir fe en aquello en lo que tiene esperanza, puesto que cree y tiene la firme convicción que ha de suceder lo que espera con fervor.


La única esperanza es Dios, sin Él no hay ninguna esperanza verdadera de salvación del hombre.

La verdadera esperanza del hombre, tal como se describe en La Biblia, es superior al mero deseo, el cual puede que carezca de fundamento o perspectiva de cumplimiento.

La Biblia muestra que las personas del mundo en general no suelen tener una esperanza real, apoyada sobre una base sólida. Es decir, la humanidad se encamina con paso firme hacia su condena, la muerte, y, por tanto, si no adquiere conocimiento de la existencia de una provisión procedente de una fuente superior, el futuro no ofrece para ellos ninguna esperanza. Por ejemplo, el escrito del libro bíblico de Eclesiastés expresó cuán fútil es la situación del hombre sin la intervención de Dios: “¡La mayor de las vanidades! […], todo es vanidad”. (Ecl. 12:8; 9:2, 3),

También tenemos que el fiel y paciente profeta Job dijo que incluso un árbol tiene esperanza de retoñar de nuevo, pero el hombre, cuando muere, se ha ido permanentemente. Pero Job luego explica que hablaba del hombre por sí solo, sin la ayuda de Dios, pues él mismo expresa el deseo y la esperanza de que Dios le recuerde  (Job 14:7-15).
El apóstol de los gentiles, San Pablo, apoya esta misma idea cuando dice a los cristianos que, teniendo la esperanza de la resurrección, no deberían “apesadumbrarse como lo hacen también los demás que no tienen esperanza”. (1 Tes. 4:13).

Y de nuevo, al hablar a los cristianos gentiles, San Pablo les señala que antes de tener un conocimiento de la provisión de Dios por medio de Cristo, estaban “alejados del Estado de Israel”, con el cual en el pasado Dios había tratado y que en aquel entonces, como gentiles, “no tenían esperanza, y estaban sin Dios en el mundo”. (Efe. 2:12).

Normalmente las expresiones que son comunes entre los que no tienen esperanza en Dios y en su promesa salvífica de una resurrección de los muertos son similares a las palabras de los habitantes desobedientes de Jerusalén, quienes, al encararse a la amenaza de la destrucción de su ciudad como juicio divino, en lugar de mostrar arrepentimiento y pesar, dieron suelta a sus deseos sensuales. Y dijeron: “Que se coma y se beba, porque mañana moriremos” (Isa. 22:13). Un caso parecido me ha ocurrido a mi en la vida cuando las personas que han oído de mí constantemente que pronto regresará Cristo y que se desencadenará el final de los tiempos, me han aconsejado que viva la vida porque si ellos hubieran tenido ese conocimiento y convicción dejarían de hacer lo que hacen o trabajarían el doble en menos período de tiempo para poder así disfrutar la vida. Y la pregunta que me planteo yo es la siguiente: ¿Y en qué consiste en realidad eso de disfrutar la vida? Porque para mí solo aquél que descansa en el Señor disfruta de la vida. Solo aquél que tiene fe en Él y en que sus promesas de salvación de los hombres se harán realidad, está disfrutando de la belleza de la vida. Por eso el apóstol San Pablo advierte contra llegar a estar infectados con la actitud de aquellos que no tienen esperanza. (1 Cor. 15:32, 33).

Esperanzas incorrectas

Las esperanzas egoístas y las que están basadas en el fundamento falso del materialismo, mentiras, falta de honradez o en el poder o en las promesa de los hombres y no de Dios, con seguridad, tarde o temprano, siempre quedarán frustradas. Por ejemplo, por un tiempo yo viví con la esperanza depositada de heredar a una tía abuela mía para vivir muy bien en mi juventud. Para poder permitirme el lujo de viajar, de conocer mundo. Como deposité toda mi esperanza en la herencia futura de mi tía abuela empecé a mentir, a cometer falta de honradez para con mi familia, porque la tentación del dinero había provocado en mí una corrupción total de mi alma. Y para colmo deposité toda mi felicidad en la carne. Quería obtener dinero rápido y fácil para que las mujeres se fijaran en mí y poder así tener muchas relaciones sexuales. Hasta que llegó el día que comprendí que Dios era la verdadera fuente de esperanza de mi vida. Y que tenía un Plan de vida trazado para mí en el cual había permitido que fuese tentado por el mal para que pudiera comprender que solo y nada más que en Él podría encontrar paz interior. Que lo externo no me hacía feliz, al revés provocaba más y más desasosiego en mí.

La fuente de toda esperanza es el Señor Tu Dios

Llegados a este punto comprendemos que Dios es la fuente de la esperanza verdadera y Aquél capaz de cumplir con sus promesas y las esperanzas de los que confían en Él. Es por medio de su bondad infinita e inmerecida que Él le ha dado a la humanidad “consuelo y buena esperanza”. Porque en cualquier tiempo Él ha sido la esperanza final del hombre justo de corazón. Fue llamado “la esperanza de Israel” y “la esperanza de los antepasados de Israel”. Son muchas las expresiones que encontramos de esperanza, confianza y seguridad en Él que se hallan en las Sagradas Escrituras. En su bondad amorosa hacia sus elegidos Él promete siempre un futuro mejor y una esperanza de vida. Yo comprendí esto en el preciso momento que capté la esencia del mensaje que intenta transmitirnos Dios en La Biblia, donde se nos deja entrever que aquél que deposite toda su esperanza en Él y en su promesa de salvación eterna, obtendrá su recompensa. Yo tenía miedo a vivir sin las comodidades a las que me había acostumbrado desde la infancia. Es decir, tenía miedo a dejar de tener una persona que me hiciera la comida, que me sirviera el plato en la mesa, que me lavase la ropa, etc... En pocas palabras, tenía miedo a perder todo lo material, hasta que comprendí que en verdad el peor miedo que me atemorizaba es a perder la esencia de mí ser, o lo que es lo mismo, mi historia de vida, la historia de ese personaje con el cual tanto me identifico: El Ciudadano de Odessa. Lo que en realidad me asustaba es dejar de ser quien era interiormente y a no creer en la historia que me había sido revelada durante años. Es la batalla eterna de Tener vs Ser de la que se hiciera eco el gran pensador Erich Fromm en uno de sus libros escritos. Mientras el “tener” es siempre destructivo, porque necesita más y más para satisfacerse, el “ser”, en cambio, conforme aumenta, nunca se consume. Y fiel reflejo de esto es “la zarza ardiente” sin consumirse desde la que Dios habló a Moisés en lo alto del Monte Sinaí.

La esperanza de recompensa es apropiada

El hecho de que el siervo de Dios espere recibir una recompensa no es un sentimiento egoísta como se suele dar a entender. Ya que para tener un verdadero conocimiento y entendimiento de Dios, la persona debe tener presente en todo momento que la bondad amorosa y la generosidad son cualidades sobresalientes en Él; debe creer, no solo que Dios existe, sino también “que llega a ser remunerador de los que le buscan solícitamente” (Heb. 11:6).
La esperanza hace que el cristiano conserve el equilibrio y se mantenga en el servicio de Dios y de la misión que le ha sido encomendada, sabiendo que Él proveerá sus necesidades diarias. (Mateo 6:33). A mí personalmente en estos meses que han pasado desde que mis padres decidieran expulsarme de su hogar, nunca me ha faltado de nada, incluso sin haber trabajado o dedicado el tiempo de mi vida en ocupaciones mundanas. Todo lo contrario he encontrado en todo momento un refugio donde cobijarme cuando lo he necesitado y comida con la que alimentarme cuando más lo necesitaba. Y todo porque Dios siempre me ha protegido incluso en mis pruebas más difíciles.

La esperanza cristiana

La esperanza tanto del cristiano como de toda la humanidad reside en Jesucristo. Ningún humano pudo acceder a la vida eterna en el cielo o sobre la tierra hasta que Cristo Jesús “arrojó luz sobre la vida y la incorrupción mediante las buenas nuevas”.  Como sabemos a los hermanos de Cristo engendrados por espíritu se les dice que ellos tienen la esperanza celestial debido a la gran misericordia de Dios, quien les dio “un nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo entre los muertos”. Esta feliz esperanza se realizará “en la revelación de Jesucristo”. De esta forma, el apóstol San Pablo llama a Cristo Jesús “nuestra esperanza”. (1 Tim. 1:1).

Esta esperanza de vida eterna e incorrupción para aquellos que son “participantes del llamamiento celestial” (Heb. 3:1) tiene una base sólida y es algo en lo cual se puede confiar plenamente. Está apoyada en dos cosas en las cuales es imposible que Dios mienta: su promesa de salvación del hombre y su juramento en llevar a cabo dicha obra. Además, la esperanza reside en Cristo, que ahora es inmortal en los cielos. Por consiguiente, se habla de esta esperanza como “ancla del alma, tanto segura como firme”.

En La Biblia se recalca constantemente la necesidad que tienen los cristianos de asirse fuertemente a la “sola esperanza”. (Efe. 4:4). Para ello se requiere atención continua, ejercer franqueza de expresión, total y absoluta trasparencia y jactarse en la esperanza misma de aquello en lo que se cree firmemente. A mí particularmente nunca nadie podrá negarme que en lo que a mi creencia apocalíptica se refiere de “La Segunda Venida de Cristo” alrededor del año 2.012 he sido perseverante y fiel a dicha creencia hasta la última consecuencia, es decir, hasta el punto extremo de  desquiciarme en un principio por no comprender nada de las sorprendentes coincidencias que se estaban dando en mi vida y provocar la salida precipitada de la casas de mis padres por este desquiciamiento, y no por iniciativa propia que es como supuestamente tiene que suceder. Sin embargo, hago especial hincapié aquí, en que este hecho se haya producido de esta manera, puesto que a la postre Dios me ha revelado que era parte de Su Plan de vida para mí. Así, a través de las pruebas y miserias más penosas conocería poco a poco el porqué me había llamado de esa manera tan peculiar. Y el por qué zarandeaba mi Espíritu de un lado para otro y ponía en mi boca constantemente las palabras “Ucrania, Odessa, 2.012, Mesías, Regreso, Fin del mundo”. Queda claro, pues, que la esperanza se desarrolla por medio del aguante bajo tribulación, y este aguante conduce a una condición aprobada ante Dios, de quien viene toda esperanza de vida. Puede decirse entonces que junto con la fe y el amor, es una de las tres cualidades que caracterizan a la congregación cristiana desde la desesperación de los dones milagrosos del espíritu que estaban presentes en la congregación del primer siglo. (1 Cor. 13:13).

Podemos deducir después de lo expuesto hasta aquí que, sin duda alguna, la esperanza es indispensable para el cristiano. Acompaña el gozo, a la paz interior y al poder del espíritu santo. Promueve franqueza de expresión al acercarse a Dios para recibir su bondad inmerecida y misericordia. Permite que el cristiano aguante con regocijo, sin importar cuáles sean las condiciones, incluso si tiene que llegar a perder por un tiempo a su familia, amigos, y demás seres conocidos, y vivir en la más absoluta miseria económica. Porque al depositar toda su esperanza en el Señor el hombre entregado a Cristo sabe que su recompensa es inigualable: la vida eterna. Así como un yelmo protegía en otros tiempos la cabeza de un guerrero en la batalla, de igual manera la esperanza de la salvación protege la integridad del cristiano de ser quebrantada. (1 Tes. 5:8). La esperanza es muy fortalecedora, pues aunque el cristiano ungido que todavía está en la Tierra no posee la recompensa de la vida celestial, su deseo y expectación es tan fuerte que, a pesar de pruebas y dificultades severas, continua aguardando con paciencia y aguante aquello que espera en su corazón: el Retorno de Jesús y el establecimiento de Su Reino.
Y es que la esperanza está relacionada estrechamente con la más grande de las cualidades: el amor, pues aquel que ama verdaderamente a Dios también tendrá esperanza en todas sus promesas, inclusive Su Retorno al mundo.

A mí me reconforta saber que en todo tiempo, los elegidos del Señor fueron educados y disciplinados en la escuela de la prueba. Anduvieron en los senderos angostos de la tierra; fueron purificados en el horno de la aflicción. Por causa de Jesús sufren normalmente oposición, odio y calumnias. Normalmente le siguen a través de luchas ya sean internas o externas muy dolorosas; terminan negándose a sí mismos y experimentan amargos desengaños de sus ilusiones ficticias, pero terminan descansando en paz pues la esperanza en el Señor reside en sus corazones. No obstante, por su propia dolorosa experiencia conocen los males del pecado, su poder, la culpabilidad que entraña y su maldición en la mayoría de los casos. Son tentados por Satán y acaban obrando mal, por ello desde el mismo instante de su conversión definitiva en Cristo y por Cristo lo miran con horror. Al darse cuenta de la enorme magnitud del sacrificio hecho para erradicarlo (alejarse hasta de las personas que más aman), se sienten humillados ante sí mismos, y sus corazones terminan llenándose de una gratitud y alabanza que no pueden apreciar los que nunca cayeron. Por consiguiente, aman mucho porque se les ha perdonado mucho. Y habiendo participado de los sufrimientos de Cristo, se han ganado el rango de ser discípulos del Señor y están en condición de participar de su Gloria.

En definitiva, para todos aquellos que desean vivir, Dios ha provisto su Palabra, La Biblia, con instrucciones y ejemplos, a fin de que todos puedan tener una esperanza en la que verse reflejados con los distintos personajes bíblicos en sus experiencias de vida. Y aquellos que tienen esta esperanza tienen la obligación de dársela a conocer a otros. Al obrar así, el que posee la esperanza se salva a sí mismo y, lo que es más importante aún, termina salvando a los que le escuchan.

Yo llevo una década teniendo la esperanza depositada en que viviría para ver “La Segunda Venida de Cristo” y mi historia de vida desde que era una adolescente así lo atestigua. Y, sobre todo, los acontecimientos mundiales que se están dando ahora en el mundo son una prueba irrefutable de ello. Y he vivido para lo bueno y para lo malo conforme a esta esperanza. Y si Dios ha permitido que obrara mal para con muchas personas, es porque, como bien escuché una vez en boca de un amigo mío, todo sucede porque Dios lo quiere así, para que al final se cumpla su promesa de salvación para quienes fervorosamente le buscan de corazón. Es decir, te deja caer en el pecado para que experimentes el amargo sabor que supone esta caída y te conciencies que la muerte es más amarga aún, y el pecado te lleva a la misma muerte para siempre, a no ser que demuestres verdadero arrepentimiento de pensamiento, palabra y obra. Solo aquél que se arrepiente en el fondo de corazón alcanza la salvación. Y como siento en mis entrañas esta esperanza de salvación no he tenido más elección que proclamar a los cuatro vientos lo que siento por dentro para lograr así que las personas que me han conocido compartan conmigo esta gran esperanza de vida que es Jesucristo y su promesa de Retorno, pero muy especialmente los que carecen de ella por su falta de fe en Dios.

2.     ¿Qué es la fe?

Según la Real Academia de la Lengua Española la fe es la primera de las tres virtudes teologales en la religión católica y consiste en el asentimiento a la revelación de Dios, es decir, la admisión como cierto o conveniente lo que ha afirmado o propuesto la Iglesia.

Pero, dando una definición más aproximada de que consiste la fe podríamos decir que “es la expectativa segura de las cosas que se esperan, o la demostración evidente de realidades que han sucedido en el pasado y de las que tendrán que sucederse en el futuro aunque no se contemplen.” (Heb. 11:1).  La expresión “expectativa segura” transmite la idea de algo tangible y que garantiza una posesión futura, es decir, fe es la escritura de propiedad de las cosas que se esperan.
Por consiguiente, la fe es en sí el fundamento para la esperanza y la evidencia convincente de las realidades que no se ven pero que se conocen interiormente por medio de la gracia del espíritu santo. La verdadera “fe” cristiana la componen todo el conjunto de verdades reveladas por medio de Jesucristo y sus discípulos inspirados. La fe cristiana se fundamenta en la entera Palabra de Dios, de la que forman parte las Escrituras Hebreas. La fe se basa en la evidencia concreta. Por ejemplo, en mi caso, la evidencia de haber vivido una historia basada en unas sorprendentes coincidencias sincrónicas cuyo fin último era revelarme que el Regreso de Nuestro Salvador era inminente y, por consiguiente, que la redención definitiva de la humanidad es un hecho que ha de consumirse en breve. Mi historia es para mí un testimonio fiel y veraz de la existencia de Dios y de su promesa de salvación a los hombres que Él va revelando poco a poco en La Biblia desde su primer libro, el Génesis, hasta el último, el Apocalipsis de San Juan. La creación visible da testimonio a los hombres en general de la existencia de un Creador invisible. (Rom. 1:20). Los mismos acontecimientos que tuvieron lugar durante el ministerio y la vida terrestre de Jesucristo le identificaron como el Hijo de Dios. (Mat. 27:54). El que Dios haya hecho siempre provisiones materiales para la creación animal y vegetal sirve de base para creer que también proveerá lo necesario para sus siervos, y el que haya dado vida, y también la haya restaurado, fundamenta la creencia en la esperanza de la resurrección. Lo que es más, la veracidad de la Palabra de Dios y el cumplimiento exacto de sus profecías inspiran confianza en la realización de todas sus promesas, incluido Su Segunda Venida de manera definitiva y para siempre.

No obstante, la fe no es posesión de todas las personas de este mundo, dado que es un fruto del espíritu de Dios. (2 Tes. 3:2; Gál. 5:22). Y es evidente que aquellos que no tienen fe son rechazados por Dios. (Heb. 11:6). En este tiempo, para que la fe sea del agrado de Dios es necesario aceptar a Jesucristo, y esto hace posible que adquiramos una posesión justa ante Dios. (Gál. 2:16). La fe del cristiano no es estática, sino que crece conforme va adquiriendo experiencia vivida.

Sin embargo, no se puede dar por sentada la fe, porque la falta de fe es “el pecado que fácilmente nos enreda”. Así que, el mantener una fe firme requiere luchar tenazmente por ella, resistir a los hombres que pueden sumir a un cristiano en la inmoralidad, combatir las obras de la carne, evitar el lazo del materialismo, mantenerse alejado de las filosofías y tradiciones de los hombres que destruyen la fe y, sobre todo, mirar atentamente al Agente Principal y Perfeccionador de nuestra fe, Jesús”.

Es una evidencia para el hombre que solo aquél que deposita toda su fe y esperanza en el Señor y en su promesa de salvación, no tiene porque temer nada ya que Dios nunca le abandonará a su suerte, sino todo lo contrario, al haber depositado toda su confianza en Él, le protegerá y le recompensará con la vida eterna.
En el preciso momento que capté esta gran verdad inmediatamente dejé de temer miedo al futuro apocalíptico que presentía que iba a sobrevenir sobre mi generación. Puesto que si confiaba en Dios, contaría con su protección en medio de la Tribulación. E incluso si moría físicamente si había tenido fe en Jesucristo resucitaría de entre los muertos y viviría para siempre en Su Reino Celestial.

3.     ¿Quien es Jesucristo?

Es el nombre y título del Hijo de Dios desde que fue ungido en la Tierra. La persona que llegó a conocerse como Jesucristo no empezó su vida aquí en la Tierra. Él mismo habló de su existencia celestial prehumana en diferentes ocasiones. Y en estas declaraciones de Jesús se evidencia que Dios era verdaderamente el Padre o Dador de vida de este Hijo primogénito y que, por tanto, este Hijo era en realidad una creación de Dios.
Jesucristo señaló a Dios como la Fuente de su vida, al decir: “Yo vivo a causa del Padre”. Según el contexto, eso significaba que su vida procedía de su Padre o había sido causada por Él, de la misma manera que los hombres encaminados a la muerte podrían conseguir la vida si ejercían fe en el sacrificio de rescate de Jesús. (Jn 6:56, 57).

¿En qué sentido es Jesucristo “Hijo Unigénito”?

El que a Jesús se le llame “Hijo Unigénito” no significa que las otras criaturas espíritus creadas no fueran hijos de Dios, puesto que a ellas también se les llama hijos. Sin embargo, por ser la única creación directa de su Padre, el Hijo Primogénito fue único, diferente a todos los demás hijos de Dios, los cuales fueron creados o engrendrados por Dios mediante ese Hijo Primogénito. De modo que “la Palabra” era el Hijo Unigénito de Dios en un sentido especial, tal como Isaac también lo fue de Abrahán en un sentido particular (su padre ya había tenido otro hijo, pero no de su esposa Sara).

4.     ¿Cuál es el fin último de la cruz?

La cruz o madero de tormento fue el instrumento en el que se dio muerte a Jesucristo.

¿Por qué tenía que morir Jesús en un madero?

En el tiempo en que Dios dio la Ley a los israelitas a través de Moisés, estos se obligaron a sí mismos a acatarla. Sin embargo, como descendientes del pecador Adán, no pudieron hacerlo a la perfección. Por este motivo, llegaron a estar bajo la maldición de la Ley. Para quitar esta maldición especial que pendía sobre ellos, Jesús tenía que ser colgado en un madero como un criminal maldito. Y así es como Cristo por compra nos libró de la maldición de la Ley. Es decir, vino a este mundo con el único fin de ser crucificado y expiar así todos nuestros pecados sujetos a la Ley.

De esta manera la muerte de Jesús en la cruz fue la base para quitar la Ley, la cual había separado a los judíos de los que no lo eran. Y al aceptar la reconciliación con Dios, que se hizo posible por la muerte de Jesús, tanto los judíos como los no judíos podían llegar a ser “un solo cuerpo” mediante el madero de tormento, la cruz.

5.     ¿Es verdad que Cristo volverá algún día con poder y gloria para establecer el Reino de Dios para la eternidad?

La Parusía, para la mayoría de los cristianos, es el acontecimiento, esperado al final de la historia, es decir, la Segunda Venida de Cristo a la tierra, cuando se manifieste gloriosamente.

Los Evangelios contienen numerosas referencias sobre esta presencia de Jesús en su regreso al mundo, como en Mateo 16:27, 24:26-28, y 24:37-41; Lucas 17:22-37; Juan 14:3

Es evidente que esta creencia está fuertemente ligada a la creencia en Dios, de un mundo determinista (ya todo está preestablecido) y la creencia en profetas, a veces llamados mensajeros o manifestaciones, quienes tienen un nivel de divinidad o santidad o cercanía a Dios que les permite acceder a lo que sucederá en el futuro (como toda la existencia es determinista pueden acceder a ver los efectos futuros).
El Libro de Daniel, el Evangelio según San Mateo y el Apocalipsis son considerados la mayor fuente de estudio, aunque muchas partes de la Biblia aparecen referencias al Día Final y la Segunda Venida de Cristo. Una pequeña referencia está contenida en el Credo Niceno: «Él [Jesucristo] vendrá de nuevo con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos: de su reino que no tendrá fin».
Sobre el tiempo en que ocurrida la segunda venida la Biblia dice en el Evangelio de Marcos (13.32): «Pero acerca de aquel día o de la hora, nadie sabe; ni siquiera los ángeles en el cielo».

No obstante, Jesucristo mismo cuando hizo referencia a Su Segunda Venida dejó pistas que permiten deducir cuando se aproxima Su Regreso, incluso aunque nadie conozca el día ni la hora.

El Arrebatamiento

La doctrina del arrebatamiento, llamado a veces arrebatamiento de la Iglesia o rapto (si bien no se encuentra con esa palabra en las traducciones al castellano de la Biblia) es resultado de ciertas interpretaciones de la escatología cristiana que hace referencia a la ascensión a los cielos dada por Jesucristo a sus discípulos tras su prometida Segunda Venida, momento en el cual Jesús rescataría a los salvados o escogidos, llevándolos a los cielos (para algunos la Nueva Jerusalén) junto a los resucitados.

Derivada esta palabra del verbo griego harpazo con sus diferentes conjugaciones a través del nuevo testamento, siendo la más importante de las conjugaciones la de primera de Tesalonicenses 4:17 que significa; los que son sacados en cuerpos físicos de una multitud con violencia y cargados a otro lugar, en este caso a la presencia de Dios. Se recomienda conocer el griego antiguo para llegar a una opinión acertada de la forma de aplicar estos verbos.

Es también una interpretación de varias otras citas bíblicas: Notablemente ciertos pasajes del Apocalipsis de San Juan, pero especialmente los versículos 29-31 del capítulo 24 del Evangelio de San Mateo y las cartas del Apóstol Pablo a los Tesalonicenses (1ª Tes. 4:13-18 y 2ª Tes. 2:1-4).

¿Cuándo ocurrirá el Rapto o Arrebatamiento de la Iglesia?

A través de los años se han levantado creencias "equivocadas" dentro de la misma Iglesia de Jesucristo. Hay quienes sostienen que el rapto o arrebatamiento se producirá en un período pretribulacional y premilenial. Otros sostienen que tal acontecimiento es tribulacional (durante el período conocido como "gran tribulación) pero premilenial.  Y, en último lugar, están quienes consideran que será postribulacional y premilenial.

Desde mi modesto juicio y punto de vista creo que tal acontecimiento será postribulacional, justo en el momento de la Segunda Venida de Jesucristo. Porque la Biblia deja indicios más que claros de que cuando Él regrese se producirá la transformación de los creyentes en cuerpos espirituales incorruptibles de inmortalidad en un abrir y cerrar de ojos.

Explicación del rapto de la Iglesia
  
El término "rapto" es una expresión de la palabra griega Rapio (que significa arrebato, desaparición). Poco antes del fin del mundo, Cristo retornará en el aire y se llevará con él a todas las personas - vivas y muertas - que hayan confiado en Cristo como su Salvador.
Estos serán los creyentes, a los cuales el Apóstol Pablo se refiere en su 1ra carta a los Corintios, cuando les dice: "Los muertos en Cristo resucitarán primero, “luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos, en las nubes para recibir al Señor en el aire" (1 Tesalonisenses. 4:17).
El Rapto sucederá en "un abrir y cerrar de ojos" (1 de Corintios 15:52). En este evento, los muertos que hayan creído resucitarán primero, seguidos en un instante de tiempo por los cristianos que aun estemos vivos, es decir, los que hayamos sobrevivido a la "gran tribulación" (1 Tesal. 4:16, 17).
Los cristianos de Tesalónica (una de las primeras iglesias) estaban confundidos porque de entre ellos ya muchos habían comenzado a morir y aún no habían visto a Cristo aparecer en las nubes por ellos. Así que Pablo les recuerda que ciertas cosas tendrían que suceder primero. Pablo, llega hasta el punto de confesarles o compartir con ellos un "secreto" o un "misterio" que quizás no estaba supuesto a revelar. Es por esta razón que el Apóstol, como el que comparte contigo una información la cual se supone que sea mantenida en secreto, pero que ante las circunstancias del momento, él se siente compelido a compartir con ellos, les dice:
"Pero quiero que sepan un secreto, no todos dormiremos (moriremos), pero todos seremos transformados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos…" (1 Corintios 15:51y 52).

6.     ¿Qué es un profeta y cual es su misión?

Bueno, llegados a este punto, quisiera por fin aclarar porque en los últimos años me he comportado de manera bastante extravagante y peculiar de cara a la sociedad de mi tiempo.
Para ello explicaré lo más brevemente posible que es un profeta y cual es la misión especial que ha de cumplir en su vida.

Un profeta no es otra cosa más que el “centinela” de la Alianza. El Guardián de la Palabra de Dios, el custodio de la promesa de Dios a los hombres. Su misión consiste en interpretar el sentido de la historia y de los acontecimientos de la vida del pueblo de Dios a la luz de la fidelidad a la Alianza o Pacto de Dios con los hombres. Por eso, con frecuencia interpreta las tradiciones de Israel y critica las situaciones vividas por los hombres de su tiempo que normalmente han dejado de tener fe en la promesa de salvación que Dios juro al hombre a lo largo de Su Palabra dada, La Biblia, y, muy especialmente, a través de la entrega de su único Hijo al mundo como salvación del hombre.

Por tanto, tenemos que el “profeta” es la persona mediante la cual se dan a conocer la voluntad y el propósito de Dios. (Lc. 1:70). Algunos eruditos creen que el término hebreo na ví’ viene de una raíz hebrea desconocida relacionada con las palabras árabes y acádicas que significan “llamar” o “anunciar”. Sin embargo, otros lexicógrafos opinan que la raíz verbal na vá’ significa más bien “fluir”, “brotar” o “borbotear”. Según esta última explicación, el na ví’ es una persona cuya habla fluye debido al impulso o presión del mensaje que Dios le ha concedido. Sea cual sea su origen, el uso bíblico del término muestra que los verdaderos profetas no eran simples proclamadores, sino voceros de Dios, “hombres de Dios” con mensajes totalmente inspirados que se dan a conocer con el nombre de profecía. Es decir, la profecía es el mensaje inspirado, revelación o proclamación de la voluntad y el propósito divino. La profecía puede consistir en una enseñanza moral inspirada, una expresión de un mandato o juicio divino o una declaración de algo que está por venir. Y, en este sentido, el hecho de que a lo largo de la historia los hombres vieran cumplirse en sus días muchas profecías sirvió para que las personas sinceras se convenciesen del poder de Dios para llevar a cabo su propósito a pesar de toda oposición. Esto suponía una prueba de su incomparable Divinidad, de que Él, y solo Él, podía predecir tales acontecimientos y hacer que sucedieran. La profecías también permitieron a las personas a familiarizarse mejor con Dios, entendiendo más claramente Su Voluntad así como las normas morales por las que Él actúa y juzga, de manera que pudieran dirigir sus vidas en consonancia con esas normas.

7.     La profecía de Ucrania y el 2.012

Teniendo claro cual es la función principal del profeta, a estas alturas de mi existencia y con la panorámica que ahora tengo de mi historia de vida, puedo decir que yo he actuado como tal al crear un personaje llamado “El Ciudadano de Odessa” cuya misión ha sido revelar o transmitir a sus contemporáneos lo que en su fuero interno se cocía, es decir, el mensaje divino que me había sido inspirado sobre el advenimiento inminente del Mesías o la Segunda Venida Gloriosa de Cristo. Cuando Dios comenzó a llamar mi atención con la historia de Ucrania hace ya una década fue revelándome poco a poco que sucedería en el futuro inmediato a través de las sensaciones o presentimientos que iba teniendo conforme maduraba en la compresión de mi propia historia. Y es en este preciso momento cuando por fin he comprendido todo. Dios tenía un plan de vida trazado para mí desde el día que nací. Él ha ido guiando mis pasos y permitió entre otras cosas que cayera en el pecado, que no es otra cosa que alejar a Dios, el amor, de la vida de uno mismo para que cometiendo todo tipo de actos egoístas reflexionara sobre ellos y entrara en conciencia de que el mal no satisface al hombre, porque solo el bien y la presencia de Dios en la vida de uno sacia toda la sed y hambre de vida de una persona.

Yo me he comportado como una especie de profeta apocalíptico cuya misión principal era convencer a las personas que se han cruzado en mi vida de que Dios existe y que pronto volverá a estar con nosotros. ¿Y por qué Dios a la vez que me revelaba el mensaje de su retorno me permitía obrar mal? Pues para que al recapitular mi vida y hacer balance de toda mi trayectoria llegara a la conclusión de que todo era parte de un plan. Me explico: Dios me regaló un vida bendecida por una familia adinerada y en la que yo fui un niño muy protegido por mi padre desde siempre. Sin embargo, este hecho impedía que madurase como hombre y me acomodase en la vida que me había sido otorgada. Es decir, conforme pasaban los años no quería crecer para no adquirir las responsabilidades del mundo adulto. Entonces Dios llamó a mis puertas y me reveló la historia de Ucrania y el final de los tiempos programado para el año 2.012. Pero yo seguía siendo un joven muy mal acostumbrado y que poseía todo tipo de bienes materiales. Así que, para que fuera desposeído de esa vida artificial, sacándome de la casa de mis padres y poder de esta manera llevar a cabo mi misión de transmitir a los hombres que se preparen para la Segunda Venida de Cristo, Dios permitió que el mal apareciera en mi vida para así darle a mis padres un aliciente con el cual expulsarme del hogar en el que yo me había acomodado y del cual no quería salir. Llegué a realizar todo tipo de pecados y barbaridades contra mis seres queridos. Entre ellos, amenazar a un hermano mío con un cuchillo, amenazar tanto a mi padre como a una tía abuela con que me iba a suicidar. Al primero para hacerle sufrir y a la segunda para que le diera pena y me dejara algo en herencia. Y así todo tipo de canalladas que me estaban matando poco a poco. El ego se apoderó de mí y me convertí en un ser demoníaco. También mis amigos fueron blanco de mi maldad, como por ejemplo El Director u otras personas que padecieron mis malas intenciones. Pero, insisto, en el fondo seguía siendo el mismo de siempre y, aunque aparentemente, me había convertido en un ser maligno. Todo era parte del plan de Dios para conmigo. Él conocía que la única forma de sacarme de la casa de mis padres para cumplir mi misión era permitiendo que el mal me tentase y una vez tentado podría luego convertirme al contemplar las consecuencias nefastas del pecado. En fin, cuando mis padres me expulsaron del seno familiar al principio no comprendía nada. Pero poco a poco al ver que lo había perdido todo en un abrir y cerrar de ojos, es decir, había dejado de tener el apoyo material de mi familia, muchos amigos me empezaban a dar de lado porque veían en mí una regresión más que una progresión de mi persona. No tenía pareja, no tenía ya apenas amigos y mi familia no quería saber nada de mí por el terrible daño que les había infligido. Y para colmo no contaba con nada de dinero.

¿Qué me quedaba entonces? Sí, eso, que tenéis en mente. Solo estaba ya conmigo mi historia de Ucrania tras la que se esconde Nuestro Señor Jesucristo. En pocas palabras, ya solo estaba Dios a mi lado y Él esperaba que lo aceptara como Salvador de mi vida definitivamente. Entonces se me fue revelado el mensaje final de mi historia. Se me revelaron como se producirían los acontecimientos finales de la historia de la humanidad cuyo fin es el regreso de Cristo y la instauración del Reino de Dios para siempre. Y cuando acepté a Cristo como mi Salvador dejé de tener miedo por mi futuro porque confiaba en su promesa de que Él me protegería y al final me daría la vida eterna. Comprendí que si tenía que sucederse la Gran Tribulación desencadenada por la ira de Dios, Cristo me protegería de ese periodo de prueba final. ¿Y como? No lo sé con certeza, pero o bien me arrebataría con el resto de creyentes o si moría me otorgaría la vida eterna por la fe que siempre tuve para con Él.

Conclusión

Ya sabéis el por qué he estado muy alocado durante todos estos años de incertidumbre en mi vida. Estaba justificado ya que en mi mundo interior se fraguaba todo esto.

Con todo el amor de Cristo Crucificado y Resucitado, me despido agradeciendo a todas las personas que he conocido el amor que me han regalado durante años. Sin ellos nunca hubiera podido desentrañar el misterio de mi vida. Como sus nombres ocuparían varias páginas de esta carta, prefiero omitirlos y agradecer en general a todos mis conocidos su preocupación por mi persona, su afecto, su estima, etc… Ahora ya solo nos queda esperar y comprobar si este profeta apocalíptico que se hizo llamar “El Ciudadano de Odessa” estaba o no inspirado por Dios.

Estoy convencido de que todos nos encontraremos tarde o temprano en la Nueva Jerusalén, la Ciudad Celestial, compartiendo la Gloria Eterna del Cordero.

Hasta que llegue ese día os deseo que encontréis paz y amor en vuestras respectivas vidas. E independientemente de lo que suceda en los próximos años vale la pena tener  fe en Jesucristo, porque aunque en el último momento de mi vida me confirmasen que toda mi historia había sido pura fantasía ilusoria nunca me arrepentiré de haber vivido con la fe y la esperanza que ha supuesto para mí creer en La Segunda Venida de Cristo. 

FUENTE BIBLIOGRÁFICA

Este escrito no hubiera sido posible sin la utilización de esa guía imprescindible que ha supuesto para mí el libro “Ayuda para entender la Biblia” y la “Wikipedia”.

Fdo.: El Ciudadano de Odessa.

MARANA’THA’ ¡VEN PRONTO, SEÑOR JESÚS!